El estofado del lobo
Keiko Kasza
Acerca de este cuento.
Este era un lobo al que le gustaba tanto comer que no bien terminaba una comida ya estaba pensando en la siguiente. Un día sintió ganas de un estofado y salió de caza al bosque. Encontró una gallina y se acercó lo suficiente para atraparla, pero entonces se dio cuenta de que era algo flaca y decidió engordarla. Así pues, se fue a su casa y se puso a cocinar: preparó cien panqueques y los dejó en la puerta de la casa de la gallina. Los días siguientes le llevó cien rosquillas y un gran pastel. Entonces supuso que la gallina estaría suficientemente gorda, y fue a buscarla, pero justo cuando se asomó por el ojo de la cerradura para espiarla, la puerta se abrió: “Así que era usted, señor lobo”, dijo la gallina.Los panqueques, las rosquillas y el pastel habían servido para alimentar a los cien pollitos de la señora gallina, quienes, agradecidos, se lanzaron sobre el lobo para abrazarlo y besarlo. En recompensa, la gallina le preparó una deliciosa cena. Al día siguiente, el lobo devolvió el regalo con cien galletitas para los pequeñuelos.
Keiko Kasza
Acerca de este cuento.
Este era un lobo al que le gustaba tanto comer que no bien terminaba una comida ya estaba pensando en la siguiente. Un día sintió ganas de un estofado y salió de caza al bosque. Encontró una gallina y se acercó lo suficiente para atraparla, pero entonces se dio cuenta de que era algo flaca y decidió engordarla. Así pues, se fue a su casa y se puso a cocinar: preparó cien panqueques y los dejó en la puerta de la casa de la gallina. Los días siguientes le llevó cien rosquillas y un gran pastel. Entonces supuso que la gallina estaría suficientemente gorda, y fue a buscarla, pero justo cuando se asomó por el ojo de la cerradura para espiarla, la puerta se abrió: “Así que era usted, señor lobo”, dijo la gallina.Los panqueques, las rosquillas y el pastel habían servido para alimentar a los cien pollitos de la señora gallina, quienes, agradecidos, se lanzaron sobre el lobo para abrazarlo y besarlo. En recompensa, la gallina le preparó una deliciosa cena. Al día siguiente, el lobo devolvió el regalo con cien galletitas para los pequeñuelos.
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